Saturday, October 30, 2004

El Capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco.

Tengo una extraña relación amor-odio con Charles Bukowski. Digo extraña porque aún a los libros que me han gustado poco o nada los volvería a leer. Y no es masoquismo, es simplemente fascinación por este tipo. Si hecho una mirada a mis autores preferidos, me encuentro con autores de escritura compleja, densa, como Borges, Faulkner, Carpentier, Joyce; entonces ¿Qué me atrae de Bukowski? No lo sé. Simplemente sus libros me gustan mucho o me gustan bien poco, pero aún así nunca dejé uno de sus libros por la mitad.
El Capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, afortunadamente, entra dentro de la primera categoría. Es más: Creo que El Capitán... es el mejor libro que he leído de Charles Bukowski. Este es el último de sus libros y, de hecho, fue publicado póstumamente. Es un diario de sus últimos días y no porque estuviera enfermo o algo así, simplemente es el diario que llevó en esos días.Para ser más precisos, el diario termina en agosto del 1993, y Bukowski murió en 1994.
Y no voy a extenderme más ya que realmente no tengo mucho para decir, simplemente que lo disfruté como hacía rato que no disfrutaba un libro.

Les dejo un día/capítulo:

11/09/91 (01.20 Hs.)
Debería cortarme las uñas de los pies. Me duelen los pies desde hace dos semanas. Sé que son las uñas, pero no encuentro tiempo para cortármelas. Siempre estoy luchando por ese minuto, no tengo tiempo para nada. Claro que si pudiera alejarme del hipódromo tendría tiempo de sobra. Pero mi vida entera ha consistido en luchar por una simple hora para hacer lo que quiero hacer. Siempre había algo que se interponía en el camino hacia mí mismo.
Debería hacer un esfuerzo gigantesco y cortarme las uñas de los pies esta noche. Sí, ya sé que hay gente muriéndose de cáncer, que hay gente durmiendo en la calle en cajas de cartón, y yo estoy aquí parloteando sobre cortarme las uñas de los pies. Aun así, es probable que esté más cerca de la realidad que el tarugo que ve 162 partidos de béisbol al año. Yo ya he estado en mi infierno, sigo estando en mi infierno, así que no os sintáis superiores. El hecho de que esté vivo a los 71 años de edad, y parloteando de las uñas de los pies, es suficiente milagro para mí.
He estado leyendo a los filósofos. Son realmente tipos extraños, divertidos y alocados, jugadores.
Descartes llegó y dijo: estos tipos nos han estado largando pura mierda. Dijo que las matemáticas eran el modelo de la verdad absoluta y autoevidente. El mecanismo. Luego llegó Hume, con su ataque contra la validez del conocimiento causal científico. Y luego Kierkegaard: "Introduzco el dedo en la existencia; no huele a nada. ¿Dónde estoy?" Y luego llega Sartre, que afirmaba que la existencia era absurda. Adoro a estos tipos. Sacuden al mundo. ¿No les entrarían dolores de cabeza, pensando así? ¿No les rugía una avalancha negra entre los dientes? Cuando agarras a estos tipos y los pones junto a los hombres que veo caminar por la calle, o comer en los cafés, o aparecer en la pantalla del televisor, la diferencia es tan grande que algo se retuerce dentro de mí, me da una patada en las tripas.
Probablemente no me corte las uñas de los pies esta noche. No estoy loco pero tampoco estoy cuerdo. Bueno, no; puede que esté loco. De todas formas, hoy, cuando amanezca y lleguen las 2 de la tarde, estaré en la primera carrera del último día de carreras en Del Mar. He apostado todos los días, en todas las carreras. Creo que ahora voy a irme a dormir, con mis uñas como cuchillas arañando las benditas sábanas. Buenas noches.

Wednesday, October 27, 2004

Memoria de mis putas tristes.



Demasiado libro para tan poca novela. Lo que quiere decir y para dejarlo bien claro desde un principio: No está mal pero le falta.
Ahora, me explico: Memorias de mis putas tristes en realidad no es una novela, es un cuento publicado en un solo volumen con el afán de ganar unos mangos (cosa criticable si y solo si el objetivo fuese ése), o porque los editores se cansaron de esperar a que García Márquez escribiera algo más largo o terminara de completar el libro de cuentos en el que esta historia tendría su justo lugar. Y aquí está el primer punto en el que quiero detenerme: ésta historia, si hubiese formado parte de un volumen de cuentos, sería estupenda; ahora, como novela no lo es. Y alguien podrá preguntar:
¿En qué cambia el relato si se lo lee como novela o como cuento? ¿No es, acaso, la misma historia letra por letra y punto por punto? Pues sí, la historia es la misma. La diferencia estriba en que este volumen no lo escribió una persona cualquiera, la escribió Gabriel García Márquez, un Premio Nobel indiscutido (no como Pearl Buck, Darío Fo o Winston Churchill), la escribió un tipo capaz de obras como Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada; así que uno (y creo que se tiene pleno derecho a ello) siempre quiere más. Eso es lo que se le demandará a cualquiera que tenga la capacidad para producir algo de calidad superior, ése es el precio que se debe pagar por ser Gabriel García Márquez.
Y aquí entro de lleno en el segundo -y más importante- punto. Memorias de mis putas tristes está bien escrita pero nada más, repito lo que dije antes: uno quiere más; y aquí no hay riesgo, no hay delirio, no hay búsqueda, no hay sueño. Sí hay una correcta escritura, sí hay puño, sí hay hábito, sí hay experiencia.
Un libro de García Márquez no es lo que está contenido entre la tapa y la contratapa, hoy un libro de García Márquez implica, también, la espectativa que se crea por él y lo que nos queda después; como la tensión de una cita a ciegas y el sueño -o la pesadilla- de la noche siguiente.

Nota al margen: Memorias de mis putas tristes me hizo recordar un libro (el cual espero que aún me esté esperando en Argentina) con el que tiene mucha similitudes pero al que considero muy, muy superior: Op Oloop, de Juan Filloy. Op Oloop (apócope de Optimus Oloop, todos los libros de Filloy tienen siete letras en sus títulos) es un hombre mayor, pulcro, rutinario, quien lleva un registro de sus relaciones sexuales (siempre con prostitutas). El día en que va a cumplir su milésima relación sexual invita a sus amigos a una cena para festejar, y de allí parte al prostíbulo. Luego querrá "salvar" a la joven prostitua en cuestión y morirá esa misma noche en una escena surrealista.
Transcribo de Memorias de mis putas tristes:

Nunca me he acostado con ninguna mujer sin pagarle, y a las pocas que no eran del oficio las convencí por la razón o por la fuerza de que recibieran la plata aunque fuera para botarla en la basura. Por mis veinte años empecé a llevar un registro con el nombre, la edad, el lugar, y un breve recordatorio de las circunstancias y el estilo. Hasta los cincuenta años eran quinientas catorce mujeres con las cuales había estado por lo menos una vez. (Pág. 16)

En síntesis: demasiado libro para tan poca novela y, si pueden, lean Op Oloop o cualquier otro libro del viejito Filloy y después me cuentan.

Monday, October 25, 2004

Angels in America.


Como dije en un post anterior, la televisión me aburre bastante, así que si puedo evitarlo lo hago. Y, de hecho, tengo bastante éxito al respecto. Pero de vez en cuando, si algún amigo o los hados me lo recomiendan, alquilo alguna serie en DVD y miro un poco de televisión.
Angels in America en una serie de seis capítulos que emitió HBO este año. Me decidí a verla porque los actores son casi un número puesto (Al Pacino, Meryl Streep, Emma Thompson, Marie-Louise Parker), porque la produjo y la emitió HBO (y ya tuve un par de experiencias agradables con este canal, una de ellas la estupenda Sex Feet Under) y porque recibió muy buenas críticas, punto éste que para mí no es determinante, pero que en éste caso terminó de empujarme.
La serie es extraña: tiene un guión personalísimo, unos diálogos estupendos, actuaciones impresionantes, una puesta en escena y una fotografía maravillosos; pero no puedo sintetizar de qué se trata.
Después de pensarlo durante un buen par de días podría arriegar una idea, pero tengo la sensación de que eso podría considerarse más como una muestra de lo que yo soy capaz de ver en vez de lo que realmente me estuvieron mostrando. En ese sentido mi idea podría considerarse una especie de Test de Rorschach Estético; aún así me voy a arriesgar: Angels in America habla más de la muerte de Dios que de la ausencia de Dios.
Y me explico: básicamente la serie gira alrededor de un personaje (un hombre joven, homosexual, enfermo de SIDA en avanzado estado) al que se le presenta un ángel para señalarle que él es el nuevo profeta y que debe conseguir que la humanidad deje de "moverse" (léase "migrar, evolucionar, avanzar, aprender, etc.") ya que este "movimiento" produce en el cielo el equivalente de terremotos y, por ende, producirá su destrucción final. Para complicar más las cosas Dios, aburrido ya de los ángeles, ha creado al hombre, pero luego abandona a toda su creación -tanto a los ángeles como a los hombres- y parece que jamás regresará.
¿Ya les dije que era extraña, no? Bien, cuando me refiero a la Muerte de Dios lo hago en el sentido que Nietzsche le dió a esa idea: Dios muere en el momento en que el hombre deja de creer en él o, también, en el momento en que el hombre deja de actuar en concordancia con la idea que se tiene de ese Dios, aún cuando ocupe toda su vida hablando de él y de esas ideas, las que se convierten en una fruta falsa, toda cáscara y nada de sustancia.
Sería tedioso enumerar a toda la galería de personajes, pero no hay excepción a la regla de que todos ellos son, en menor o mayor grado, almas torturadas por pasiones, enfermedades, miedos, mentiras y humillaciones varias. La humanidad, entonces, no es más que un conjunto de seres que no sólo a perdido a Dios, sino que, posiblemente, es la culpable de su muerte.
Aplausos para Al Pacino y Meryl Streep (vaya novedad), aplausos de pie para Jeffrey Wright y Marie-Louise Parker, pero tengo que sincerarme: Emma Thompson me puede. Ya sé que no es una gran belleza y todo lo que quieran; pero que quieren que les diga, con ángeles así hasta me dan ganas de volverme creyente.


Friday, October 22, 2004

El otro proceso de Kafka.


Éste libro podría compararse -en algún aspecto- con otro que leí hace poco tiempo: Jorge Luis Borges de Fernando Savater. Ambos son libros sobre grandes escritores escritos por otros grandes escritores y, además, ambos están escritos desde la pasión.
Elías Canetti lo deja claro desde el principio: "Yo leí esas cartas con una emoción que desde hacía mucho no había experimentado en la lectura de una obra literaria." (Pág. 10).
El muy adecuado título del libro es un resumen exacto de lo que vamos a encontrar en su interior. Canetti analiza las cartas que Kafka le escribió a Felice Bauer, una de las tres mujeres importantes en la vida del escritor checo (junto a Milena y a Grete Bloch amiga, ésta última, de Felice). Cartas que no solo nos dejan asomarnos a la intimidad de la pareja (a este respecto elpropio Canetti se siente un poco incómodo, como un vulgar voyeur, y se disculpa por ello), sino que esas cartas nos dejan ver la intimidad del propio Franz Kafka y comprender sus altibajos creativos.
El título hace referencia al "proceso" que las tres mujeres sometían a Kafka, proceso que no pocas veces era alimentado y magnificado por el torturado espíritu del escritor. A este respecto, el análisis de Canetti es impecable lo que, ayudado por su estilo sencillo y preciso, hace de éste un libro maravilloso.

Thursday, October 14, 2004

NO LOGO


Hay libros que se tornan fundamentales para comprender el mundo de hoy. Es más, podría decirse que el mundo de hoy no podría ser conocido o comprendido sin la ayuda de ciertos libros y autores fundamentales. Alvin Toffler, Margaret Mead, Arnold Toynbee, Sigmund Freud, Joseph Campbell, Friedrich Nietszche, Walter Benjamin, etc., fueron los más destacados del siglo XX. Ahora, en el siglo XXI vemos aparecer algunos libros estupendos que quizás tengan la fortuna de elevar a sus autores al nivel de íconos fundamentales a la hora de comprender éste, nuestro mundo del 2000.
Pero eso lo decidirá el tiempo, poco podemos hacer ahora más que suponer lo que solo en un tiempo lejano será una certeza.
Tomándome esa libertad, entonces, me atrevo a decir que NO LOGO será considerado como un libro indispensable para comprender estos tiempos tan extraños y convulsivos.
A traves de 500 páginas, Naomi Klein expone los engranajes, los hilos conductores, las motivaciones y los objetivos escondidos detrás de la tan mencionada y poco comprendida globalización. A lo largo de cuatro partes (cuyo títulos son toda una síntesis de contenido: "Sin espacio", "Sin opciones", "Sin trabajo", "No Logo") y de dieciocho capítulos, Klein nos paseapor todos los aspectos de las nuevas tendencias comerciales y sus consecuencias: fuga de trabajos, explotación, uso masivo de publicidad, adecuación de las pautas publicitarias con objetivos de condicionamiento, coherción a competidores pequeños, invasión masiva de espacios públicos, y la lista podría seguir y seguir.
Despues de haber leído No Lodo pude leer parte de otro libro interesante: "El malestar en la globalización" de Joseph Stiglitz; libro que sería un excelente complemento de este soberbio NO LOGO, y quizás libro que también podría pasar a formar parte de esa aún ignota biblioteca fundamental para comprender el siglo XXI.

Se aceptan colaboraciones al respecto.

Saturday, October 09, 2004

Guerra del Tiempo.


Es la primera vez que leo a Carpentier en relatos breves. De hecho no conozco libros de relatos de Alejo Carpentier pero si existen y alguien sabe de ellos pues que me lo haga saber.
Siento una especial predilección por autores que se destacan por cuestiones de estilo antes que por cuestiones temáticas. Así, en el panteón de los elegidos figuran William Faulkner, James Joyce, Jorge Luis Borges, Vladimir Nabokov, J.D. Salinger, Juan Carlos Onetti. Ahora, sin duda, tengo que sumar el nombre de Alejo Carpentier.
Cada página de sus novelas o de sus cuentos es una maravilla estilísca. En este libro en particular pude encontrar desde el delirio surrealista de "El Estudiante" hasta esa rareza que es "Viaje a la semilla", cuento en que la historia se narra hacia atrás (temporalmente hablando). Pero es imposible elegir un cuento por sobre los demás, ya que el estilo está en todos ellos haciendo que la historia quede en un segundo plano.
Les dejo, como muestra, el capítulo VI de "Oficio de Tinieblas"

El 20 de agosto, cuando apenas se entonaba en Agnus Dei de la misa de diez, las dos torres de la catedral se unieron en ángulo recto, arrojando las campanas sobre la cruz del ábside. En un segundo se contrariaron todas las perspectivas dela ciudad. Los aleros se embestían en medio de las calles. Tomando rumbos diversos, las paredes de las casas dejaban los tejados suspendidos en el aire, antes de estrellarlos con un tremendo molinete de vigas rotas. Las mulas rodaban por las calles empinadas, envueltas en nubes de carbón, con un casco cogido debajo de la cincha y gurupela azotándoles la crin. Las rosas del parque alzaron el vuelo, cayendo en zanjas y arroyos que habían extraviado el cauce. Y luego, aquella inestabilidad de la tierra, aquel temblor de anca exasperada por una avispa, aquel desajuste de las aceras, aquel cerrarse de lo abierto y abrirse de lo cerrado. Aún corriendo, dando gritos, llamando a la Virgen del Cobre, se advertía que una calleno tenía ya más salida que una alcoba de doncella o un archivo de notaría. A la tercera sacudida, los muebles también entraron en la danza. Pasando por encima de los barandales, los armarios se dieron a la fuga, largando por los vientres abiertos sus entrañas de sábana y mantel. Todas las vajillas explotaron a un tiempo. Los cristales se encajaron en las persianas. Anchas grietas, llenas de peines, camafeos, almanaques y daguerrotipos, dividían la ciudad en islas, ya que el agua de los aljibes, rotos los brocales, corría hacia el puerto.
Cuando la sangre comenzó a ensancharse en las telas, rasos y fieltros, todo había terminado. Un reloj de bolsillo, colgado aún de su leontina, marcó el adelanto de un minuto corto sobre los relojes muertos. Fuen entonces cuando los hombres, al verse todavía en pie, comprendieron que habían conocido un terremoto. Las moscas, salidas de no se sabía dónde, volaron a ras del suelo, más numerosas.

Tuesday, September 28, 2004

Rush. West Palm Beach.


Este concierto tuvo lugar hace un poco de tiempo atrás. Es la segunda vez que veo a Rush en vivo y no deja de sorprenderme. Los ví hace dos años en este mismo lugar, en la gira de Vapor Trails, primera gira en seis años. Ahora repetí, por suerte, la experiencia, en el marco de su gira de sus 30 años de carrera.
Quiero hacer, sobre todo, un comentario al que ya había hecho referencia en el post anterior: el respeto al público.
Los dos conciertos a los que asistí tuvieron una duración de tres horas (el primero) y tres horas y media (el segundo). Y ese es el hecho que mejor me hizo sentir; disfruté el show como hacía rato que no lo hacía; disfruté la música como siempre he disfrutado la música de Rush, pero el hecho de que esos tres tipos hayan estado tres horas o más dando lo mejor de sí mismos (¡Y de qué manera!) fue la mejor manera de retribuirme cada centavo que costó la entrada.
Contraejemplo de este hecho es lo que ocurrió al día siguiente del segundo concierto. En ese mismo lugar tocó Kiss. Yo no fui, pero lo hizo un amigo. El show fue bueno, pero tocaron poco más de hora y media y solo los éxitos reconocidos; es decir: un concierto para ganar dinero.
Los dos conciertos de Rush -aunque tuvieron canciones en común- fueron diferentes, lo que indica que ahí hubo mucha preparación, mucha programación y, sobre todo, mucho ensayo.
Después de 30 años podrían "dormirse en los laureles" y hacer un show más breve, con la mitad del sonido de las canciones pregrabado y con un par de músicos invitados, cosa de forrarse los bolsillos sin mucho trabajo; pero no, esas tres personas han ensayado lo suficiente como para que cada vez que se presentan en público, éste sepa que está recibiendo lo mejor que ellos pueden dar.

Si quieren ver algunas fotos pueden clickear abajo. Tengan en cuenta que estas fotos fueron sacadas con una camara digital digamos, medianamente precaria, asi que no pidan demasiada definicion ni nada por el estilo.
[1] [2] [3] [4] [5]

Monday, September 27, 2004

King Crimson. Eyes Wide Open.

La verdad es que antes de escribir esto ya había intentado poner por escrito alguna idea, pero me ví obligado a borrarlas un par de veces. Es que la verdad es que no sé por donde comenzar. La imposibilidad de catalogar la música de King Crimson fue uno de los escollos; y no porque necesite ponerle a una etiqueta a todo para así poder comprenderlo; sino porque, bueno, uno tiene sus limitaciones y la verdad que cuando a uno lo dejan con la boca abierta y los brazos caídos a los costados es porque, lisa y llanamente, ya no sabe qué es lo que tiene que decir.
Y, como ven, la confusión aún persiste. En fin, vamos a ponerle un límite a esto: comencemos por lo accesorio, o sea, por los datos.
Eyes Wide Open es un DVD doble. El primero de los discos fue grabado en Japón, 2003; el segundo en Londres, 2000. A pesar de los tres años que median entre uno y otro muchas de las canciones se repiten (The Construkction Of Light; The Deception Of The Thrush; The World's My Oyster Soup Kitchen Floor Wax Museum y alguna otra) pero eso no importa en el caso de King Crimson, ya que las versiones no son exactamente iguales, siempre hay un arreglito nuevo o algún cambio de sonido o una pequeña improvisación. Lo que sí es diferente es que en el caso del show en Japón ya se había lanzado al mercado el último trabajo en estudio de King Crimson
The Power To Believe,
así que en este disco tenemos algunas canciones nuevas.
¡Pero qué importa! Tratándose de King Crimson uno sabe que puede escuchar algo grabado ayer, hace diez años o hace veinte y va a encontrar la misma calidad, el mismo placer por la música bien hecha y el mismo respeto por el público (con respecto a este punto dentro de un par de días voy a hacer un comentario sobre un par de shows recientes, de los cuales mi esposa y yo fuimos a ver uno y un sobrino fue a ver el otro).
Y acá estoy otra vez parado ¿Por dónde empiezo? ¿A quién alabo primero?
Bueno, sin duda a Robert Fripp, ya que sin él King Crimson no sería lo que es; es decir: sin Fripp, King Crimson, sencillamente, no sería.
Pero, hoy por hoy, ¿Quién podría reemplazar a Adrian Belew? Tengo que reconocerlo: Adrian Belew me puede, este tipo es algo fuera de este mundo, es algo increíble verlo tocar la guitarra: versátil, creativo, potente, preciso, virtuoso. Solo con ver lo que hace con una guitarra eléctrica en canciones como The Construkction Of Light, por ejemplo, ya sería más que suficiente para reconocerlo como uno de los grandes guitarristas de la actualidad, pero si a alguno le queda una mínima duda puede ver la versión que hace -él solito y con guitarra acústica- de Three Of A Perfect Pair. despues me cuentan.
Si bien Fripp-Belew son EL DUO -hablando de guitarras-; Trey Gunn y Pat Mastelotto no se quedan atrás creando las bases. Gunn toca dos o tres versiones diferentes de Warr Guitar, una guitarra que él ha ayudado a diseñar y que tiene unas características de sonido muy particulares (además de físicas: 10 cuerdas y una extensión cromática similar a un piano) y bueno, Mastelotto en la batería es increíble; solo hay que pensar en lo que es la música de Crimson: potencia, cambios de ritmo constantes, precisión, improvisación; para darse una idea delo que es estar atras de una batería en esas condiciones.
En fin: No quiero caer en la vulgaridad de comparar un disco con el sexo, pero que va, ya estoy podrido de buscar los adjetivos adecuados y de no encontrarlos; entonces recurramos a un lugar común y comprendido por todos: Eyes Wide Open es todo un orgasmo en forma de música.

Para quien esté interesado en aspectos técnicos les dejo un par de enlaces:
Robert Fripp (Rag)
Trey Gunn (Warr Guitar)
Trey Gunn (Rag)

Friday, September 24, 2004

La Biblioteca de Babel.

Borgea crea, en su cuento La Biblioteca de Babel, un lugar donde existen TODOS los libros que podrían existir combinando "El número de símbolos ortográficos [que] es veinticinco". Así, por ejemplo, en algún estante está el libro que narra la historia de tu vida, y también existe el libro que niega la historia escrita en aquel primer volumen. Hay libros que solo difieren en una coma o en una sola letra y hay libros que están casi totalmente en blanco, solo con alguna palabra perdida en alguna de sus tantas páginas.
Este cuento siempreme ha fascinado particularmente; todo borges lo ha hecho, solo basta con ver ni apodoo nickname pero, repito, éste cuento me ha permitido "jugar", por asi decirlo, (y los juegos son otra de mis pasiones) con la realidad y los libros.
No lo hago conscientemente, es algo que ya tengo tan internalizado que no puedo evitarlo: cada vez que encuentro un libro con una falta de ortografía tengo la sensación de que tengo en mis manos un ejemplar particular de La Biblioteca de Babel. Un ejemplar único en su error, un ejemplar único en su propia existencia. Es así que no pocas veces guardo los libros que tienen esta característica; sobre todo si la diferencia es medianamente notable.
Hace poco tiempo compré la obra de Arthur Schopenhauer "El mundo como voluntad y representación" en dos volúmenes. Soy un lector veloz, pero a "El mundo como... " lo tomé con calma, no es un libro para andar a las corridas; hay que masticar bastante antes de poder tragar algún bocado. Todo iba bien hasta que llego a la página 22 y noto que ésta no continúa con el texto de la página anterior, aunque el número al pié de la página sí era el correcto. Busco por el resto del volumen la continuación del texto y no lo encuentro. Al no tratarse de una novelita cualquiera sino de un libro de filosofía en el cual la falta de un concepto puede ser determinante, pensé en devolverlo; pero luego tuve una idea: ¿Y si la página faltante no se encontraba en el volumen 1 si no en el 2? busqué allí y allí la encontré. Aunque la verdad es que no tuve que buscar mucho: la página 22 del primer volumen estaba (está) en la página 22 del segundo volumen (y viceversa).
Así que decidí no devolver el libro y quedármelo. Creo que tengo una auténtica rareza de La Biblioteca de Babel. Una obra de
la que debo leer 21 páginas de un volumen y saltar a la 22 del volumen siguiente para luego volver a la 23 del primero. Lo mismo debo hacer con el segundo volumen.
La única duda que me queda ahora -como siempre- es: ¿Qué otro error tendrá el libro del que yo no soy consciente?

Wednesday, September 22, 2004

El Código Da Vinci


Tengo por costumbre escribir algunas notas despues de leer un libro. En un cuaderno espiralado de 180 hojas voy anotando lo que podría considerarse más como comentarios que como críticas. Releo, ahora, lo que escribí después de leer El Código Da Vinci; y lo hago porque leí ésta nota, nota que me resultó por demás molesta.
No voy a transcribir todo lo que anoté en mi cuaderno, pero no hace falta. Todas las notas que leí sobre éste libro son parecidas, todas hablan del "extraño caso" de Dan Brown; un escritor mediocre que vende millones y que los seguirá vendiendo por un tiempo.
El Código Da Vinci es una novela mediocre, mal escrita y cobarde. ¿Por qué el éxito, entonces?
Pues creo -modestamente- que es por el mismo motivo que tiene más éxito una telenovela que una obra de teatro o, para dar un ejemplo más preciso: por el mismo motivo que tiene más éxito Britney Spears que Ian Anderson; así que no hay que asombrarse de que esto pase y de que seguirá pasando. En la medida que las editoriales ganen millones no vamos a conseguir que publiquen libros buenos a precios económicos ni nada por el estilo. Sin ir más lejos, la editorial Umbriel, la editorial española que publicó El Código Da Vinci porque ninguna otra editorial quería hacerlo, acaba de lanzar al mercado Ángeles y Demonios, la anterior novela de Dan Brown. Evidentemente, lo hacen para aprovechar el éxito comercial de El Código Da Vinci, ya que la diagramación y diseño de ambos libros se repiten exactamente.




No estoy en contra de los libros (sean novelas o cuentos o lo que sea) cuyo objetivo sea entretener; de hecho, compré El Código Da Vinci simplemente porque quería leer algo ligero, que me entretuviera por un buen rato. De lo que sí estoy en contra es de que se le falte el respeto al lector simplemente porque el autor está más ocupado en pensar en cómo ganar millones a toda costa, y no en presentar un producto digno y coherente.

Thursday, September 16, 2004

Six Feet Under

No me gusta la televisión. En general me aburre bastante, la encuentro falta de contenido y de ideas inteligentes. La culpa es de mi asma y de mis padres; el primero porque me impedía jugar como los demás chicos de mi barrio; los segundos porque, para mitigar aquella horas de soledad, no tuvieron mejor idea que regalarme libros y revistas.
Borges dijo (y la cita no es textual, la estoy haciendo de memoria) que todo tiene una función en esta vida, y que -quizás- una sola cosa buena sirva para compensar toda una serie de maldades; así, la existencia de una sola página de los Vedas sirva para compensar la existencia, por ejemplo, del Mío Cid. Parafraseándolo, podría decir que -quizás- toda, o gran parte, de la mediocridad televisiva se vea compensada por obras como Six Feet Under.
Todo en esta serie es superlativo: la idea, los guiones, los diálogos, la estructura de los personajes, las actuaciones, la dirección. Six Feet Under es un ejemplo de lo que se puede logar cuando, simplemente, se le pone ganas a un asunto. Cualquiera sea éste, cualquiera sea el medio, cualquiera sean los escollos.
Ahora, después de casi dos años, estoy reviendo esta serie. Desde que comencé a verla venía dándole vueltas a una idea a la que ayer, después de ver el cuarto capítulo, acabé de dar forma.
Todo partió de las preguntas: ¿Qué hace que esta serie sea tan extraña, tan original, tan adictiva?
¿Por qué cuando termina un capítulo queremos seguir viendo el siguiente y después otro y, si hay tiempo, otro más?
Arriesgo esta respuesta: porque Six Feet Under es una serie basada en ideas budistas.
Sí, así de simple: Six Feet Under es una serie budista; y me explico: la gente desconoce todo, o casi todo, sobre el budismo. Pero cuando las personas se acercan a esta filosofía (por favor, no la llamen religión, eso lo hacen -precisamente- quienes no saben nada del tema) se asombran de la sencillez y de la fuerza de esas ideas y, aunque no las pongan en práctica, aceptan de buen grado y, muchas veces con una sonrisa, sus ideas principales.
¿Y qué es lo que hace que Six Feet Under SEA una serie budista? Pues, por ejemplo, el hecho de que los personajes jamás juzgan al otro (hagan lo que hicieren, sean quienes fueren); el hecho de que los problemas solo se solucionan cuando se los enfrenta (y aclaro para aquellos que son adictos a Stallone, Schwarzenneger y compañía: empezar a las trompadas y reventar a tiros a medio mundo NO es la solución a los problemas, aunque estos seres así lo propongan.); al hecho de tomar a la muerte como algo natural, como una faceta más de la vida y que también de ella hay mucho que aprender. Pero hay algo más que me es imposible transcribir aquí: es la impecable puesta en escena de todas estas ideas, el hecho de que el autor no necesita jamás ser discursivo para enseñarnos lo que piensa. Simplemente él pone las cosas ahí, si las ves y quieres tomarlas pues, adelante; si no las ves o no te importa, tú te lo pierdes; la responsabilidad es tuya. Y eso también es budista.

Tuesday, September 14, 2004

Un año con Schopenhauer

Irvin D. Yalom es psiquiatra. En este libro (como en el anterior, El día que Nietszche lloró, que aún no he leído pero al que conozco) usa sus conocimientos psiquiátricos para analizar diferentes ideas y personas, con desigual resultado.
Para empezar: ¿Es necesario que todas las personas deban hacer terapia? Es bien sabido que el genio, esa cualidad humana tan extraña
y poco usual, conlleva una gran carga de sufrimiento; y la pregunta, ahora, sería: ¿Sería igual ese genio sin ese sufrimiento?
La pregunta ya ha sido formulada anteriormente y aún no ha sido respondida satisfactoriamente ¿Hasta qué punto no se transformaría en un ser anodino un genio al que se le "extirpara" ese sufrimiento?
esta pregunta no solo tiene un carácter práctico, cuantitativo. También plantea importantes temas éticos acerca del sufrimiento, de la libertad y de la conciencia humana.
Irvin D. Yalom toma partido, obivamente, por el tratamiento, por la cura. Aunque este punto está expuesto a lo largo de todo el libro, lo está de un modo leve (esta es una cuestión que voy a tratar más adelante: todo en la novela es leve)y solo se acrecienta hacia el final, com el "quiebre" de Philip/Schopenhauer. También, casi al final, en el capítulo 33 Yalom lo dice de manera explícita:

"De estar vivo hoy Arthur Schopenhauer, ¿correspondería hacerle un tratamiento psicoterapéutico? Seguramente. Buena parte de sus características así lo indican."

Las preguntas anteriores renacen, ahora, con una nueva fuerza. Y las dudas permanecen.

Lógicamente, no estoy en condiciones de dar una respuesta ni es el motivo de estas páginas el hacerlo; solo dejo planteado el interrogante que Irvin D. Yalom intentó cerrar y que, modestamente, creo que no pudo.
El punto que dejé abierto antes es el que quiero tratar ahora: la técnica de la novela.
Como ya dije antes, todo en la novela es leve: los dramas personales, las situaciones, el entorno. También lo es el ambiente (excepto por un par de capítulos al principio, el resto acurre en la sala donde se lleva a cabo la terapia grupal. los capítulos referentes a Schopenhauer son nada más que un pantallazo biográfico solo apto para que el lector reconozca los rasgos necesarios que unen a Philip/Schopenhauer)
Stephen King, en "Mientras Escribo", da una serie de consejos sobre cómo escribir ciertas situaciones, sobre cómo manejar los diálogos, etc. En éste último punto Yalom parece haber seguido los consejos de King al pie de la letra:
-... -Dijo X-.
-... -Acotó B-.
-... -Dijo H-.
Z interrumpió:
-...-
-... -Continuó S-.
Y así hasta el hartazgo.
Un último punto: "Un año con Schopenhauer" y "El día que Nietszche lloró" son dos títulos bastante malos, sobre todo el segundo; pero supongo que la inclusión del nombre de ambos filósofos en ellos se debee, más que nada, a una mera cuestión propagandística. ¿Qué vendrá después? ¿El mes que Platón durmió en la Termópilas?
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