
El arte tiene, para mí, una faceta que lo distingue de todo lo que me rodea: la capacidad para obsesionarme con ciertas obras. Tanto puede ser la música, la literatura, el cine, la plástica.
Desde que conocí este cuadro no puedo quitármelo de la cabeza. Mucho ha influido en ello el hecho de que la obra es mucho más antigua de lo que yo pensé en un primer momento. Cuando noto que una obra comienza a ganar terreno en mis momentos de vigilia (no hablemos de lucidez) de inmediato comienzo a buscar datos que complementen lo que en un primer momento sentí, ví o supuse. Así fue que descubrí que la Virgen y el niño que adorna esta página data de 1452-1455; en ese momento yo estaba leyendo un libro sobre Leonardo (cuyas Madonnas me gustan pero que nunca llegaron a perserguirme como lo hizo esta) y allí estaba la fecha de su nacimiento: 15 de abril de 1452. Es decir que mientras Leonardo daba sus primeros berridos ya Fouquet estaba abocado a la realización de este cuadro.
¿Y por qué tanta obsesión? bueno, eso mismo me pregunto cuando me digo que ya llevo 27 años escuchando Cygnus X-1 de Rush y aún lo hago con la misma sensación de sorpresa y el mismo placer, o cuando leo por n-ésima vez La ciudad junto al mar. No sé por qué y quizás allí esté parte de esa respuesta que no me interesa encontrar; quizás sea ese mismo misterio que la obra transmite y que nos deja, a veces, sin las palabras necesarias para explicar qué es lo que estamos sintiendo.



No son pocas las bandas o los solistas que últimamente han grabado una selección de su música con el apoyo de una orquesta sinfonica. En el caso presente, creo que nos encontramos ante un artista cuyas composiciones sufren muy poco en la adaptación que se hace necesaria para poder ser ejecutada por un grupo grande de músicos.
Hace poco fui a ver un concierto de
El otro día, revolviendo DVD's en una rebaja encontré una colección de viejas películas en blanco y negro; la mayoría de ellas películas de ciencia ficción de los 50's, películas clase B que, debo reconocer, producen en mí una extraña fascinación. Entre los títulos que me llevé a casa figuran cosas como "Creature from the Haunted Sea"; "Atom Age Vampire"; "Warning from Space" y otras de igual calaña. Pero también encontré un DVD que contiene cuatro capítulos de los ya olvidados Keystone Cops Festival y cuatro clásicos del inolvidable Buster Keaton: "The Blacksmith", "The Boat", "The Paleface" y "Daydreams".
Hay en la experimentación un encanto y algunos hallazgos que hacen de ésta forma de encarar las cosas una de las más bellas y ricas disciplinas. (*) Adrian Belew es alguien a quien improvisar le gusta tanto como andar a la búsqueda de nuevos sonidos y de nuevas formas de arrancarles nuevas notas a su guitarra (vean, si no, cualquier concierto de King Crimson, en donde Belew constantemente está forzando físicamente su instrumento hasta límites increíbles).
¿Qué es ser un buen guitarrista? ¿Tener la aptitud de poder tocar diez notas en un segundo o poder tocar lo que sea necesario para que una canción transmita una sensación determinada? Estas preguntas -que parecen ser de respuesta obvia- deben ser contestadas antes de ver un concierto (o un DVD, como en mi caso), ya que depende de lo que esperemos encontrar será el disfrute que vayamos a obtener.
No hay mejor manera para acercarse a un pintor que conocerlo sin que nos lo presenten. Me refiero a que lo mejor es encontrárselo por casualidad al hojear una enciclopedia o un catálogo de arte, ya que la sensación de placer que podemos llegar a sentir cuando la fortuna nos regala con uno de esos momentos casi únicos puede hacer que ése pintor en particular (o, siquiera, un cuadro en especial) se transforme en un buen compañero por el resto de nuestras vidas.
No voy a hablar mucho de este libro. No hay nada que pueda decirse cuando uno se siente tan avergonzado, tan dolorosamente avrgonzado.
Quienes habitualmente se acercan a este blog sabe que no soy muy aficionado a la televisión, me agota tener que cambiar constantemente de canal para no encontrar nada que me agrade. Para lo que sí uso el aparato de T.V. es para ver cine y conciertos, los que alquilo o compro para disfrutarlos sin cortes publicitarios ni comentarios hechos por conductores que no saben -ni les interesa- nada del tema.
Éste fue el primer libro que tuve en EE.UU., y fue un regalo. Sin duda, los libros que hemos leído en nuestra infancia y adolescencia son aquellos que más profundamente nos marcan; quizás porque el espíritu y el intelecto de un chico sean una arcilla blanda, aún sin forma propia, maleable, lo cierto es que las huellas que esas páginas dejan en nosotros difícilmente se borren.
Las señales de la memoria es la transcripción de unas charlas mantenidas entre Juan José Sebreli y Orfilia Poleman en 1986. Debido a éste último hecho faltan en este libro referencias a las obras más importantes y ambiciosas de Sebreli como El asedio a la modernidad o Escritos sobre escritos ciudades bajo ciudades.
Las cosmicómicas es un libro raro. Contiene doce relatos independientes (con un sólo elemento en común: el personaje principal) pero que se disfrutan leyéndolos como un todo. Es un libro entretenido pero que difícilmente uno se anime a recomendar.
Portraits es una maravilla. Es, a primera vista, un libro simple: una selección de fotografías de personas de todo el mundo. Pero la relaidad es otra. Portraits es una "Summa" humanista, una maravillosa muestra de la hermandad humana, más simple y poderosa que cualquier vulgar idea religiosa.
Realmente no creo que haya escritor que, después de muerto, haya publicado tantos libros. Se nota que Don Jorge Luis es aún una fruta jugosa y que Doña María Kodama es un exprimidor concienzudo.
Este es el primer libro que leo de Isabel Allende, y a raíz de las críticas opuestas a las que se ha visto expuesta esta escritora, me incliné por un libro de cuentos.
Un nuevo DVD de Stevie Ray Vaughan, y doble. ¿Qué más se puede pedir?
Un disco de Tom Waits es siempre muchas cosas: una felicidad, una sorpresa, una sonrisa, una lectura. Real Gone está bien fresquito, de hecho, creo que no tiene más de un mes. Y bueno, la verdad es que no hay mucho para decir, solo hay que escucharlo o, como hago yo, escucharlo y reescucharlo una y otra vez.